
Domingo, 7 de la mañana. Córdoba Capital mata los últimos fernés antes de meterse en la cama. El taxista, pistero como buen cordobés, le mete suela al pedal con ganas rumbo al aeropuerto. En un semáforo lamenta en voz alta la muerte reciente de Mercedes Sosa. La radio escupe una canción suya tras otra. ¿Sabrá el tachero que unas horas antes, Cebolla, uno de los cantantes de La Vela Puerca, le dedicó una canción? No creo, no tiene pinta de haberse interesado mucho por el Quilmes Rock que acaba de pasar.
Un Quilmes Rock que, si se lo compara con su par de Buenos Aires, se lo puede definir como un evento a escala. Más breve, sí, pero de a ratos igual de intenso. El festival, cobijado durante el Viernes y el Sábado por el coqueto estadio Orfeo, fue de menor a mayor sobretodo en cuestiones de convocatoria. El aforo, tibio en el comienzo del primer día, mostraba graderías vacías y cómodo espacio en la pista, como aquí le dicen al campo. Pecho a la bala, Los Cafres salieron a tocar su set de cincuenta minutos. Con cadencia reggae, la gente iba apareciendo.
Los Ratones cumplieron como siempre. Y aún con un disco nuevo, el show se mantuvo en el nivel correcto de costumbre, pero sin sorprender. Como siempre. El plato fuerte del día eran los Cadillacs, quienes salieron ya con el estadio mejor vestido. Sin variar demasiado respecto de lo que se vio en otras presentaciones, lograron subir la temperatura del Orfeo con los viejos clásicos, desempolvados y remozados en esta nueva versión, que difícilmente conmueva a alguien más que un fanático acérrimo. Y hasta ahí.
El Sábado era el día 2 y 1. Dos uruguayos y un local. No Te Va Gustar abrió el juego, ya con una convocatoria visiblemente mejor que el día anterior. Las Pelotas hicieron lo suyo con la rabia que los acompaña desde un tiempo a esta parte. Daffunchio es un líder crispado, oscuro y sutil cuando quiere; capaz de saltar como un poseso al que se le hinchan las venas de la cabeza o capaz entonar sentado en un sillón de living canciones mansas que cautivan por su calma.
El mejor momento del festival llegó con La Vela Puerca. ¿Por qué? Por el simple hecho de estar viendo a una banda en su pico y bien dispuesta a ir por más. Canciones sólidas, letras sentidas y bien escritas, dos cantantes carismáticos y estribillos pegadizos como un chicle en el asfalto caliente. El estadio recibió semejante estímulo y pogueó y cantó como nunca en el fin de semana.
Domingo, 7 y 20 de la mañana. El taxista pistero pregunta el motivo de la visita mientras entramos al aeropuerto. El Quilmes Rock, le digo. “Ah”, responde lacónico. No parece estar muy al tanto. “Anoche estuvieron los de Lave la Puerta, ¿no?”, pregunta estirando las vocales. Le digo que sí, total… Se despide hasta la próxima y sube al auto. Mercedes Sosa se aleja desde la radio, que sigue poniendo sus canciones.
Texto y Fotos: Santiago Bluguermann





























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