Cuenta la leyenda que La Salamanca es un lugar oculto e impenetrable en el monte a la cual concurre quienes pretendan aprender a tocar un instrumento del día a la noche. Este es un pacto con el zupay (diablo) que implica que los artistas puedan utilizar al máximo sus recursos musicales a cambio de una eternidad bajo la custodia de Lucifer. Dicen, también, que allí habitan duendes, brujas y demás criaturas que por las noches cantan y bailan la música autóctona de la región. Concluye la fábula advirtiendo que todo aquel que escuche la música de La Salamanca, caerá en una vida de miseria y desgracias, a menos que se aferre a la fe, para no caer en la tentación de La Bestia.
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Ayer La Salamanca se volvió a encender por última vez hasta febrero (en esta fecha se realiza la versión folklorica, tradicional y original del festival), pero no lo hizo en el impenetrable monte, sino apenas a ocho kilómetros de la Capital de Santiago del Estero, en La Banda, la segunda ciudad en importancia de la provincia. Tampoco lo hizo con la música autóctona del lugar –la chacarera- sino que atrapó a los casi 6 mil feligreses del rock con los riffs de garage y el blues de Ciro y Los Persas y la gran fiesta pagana que montaron Los Auténticos Decadentes con su locura habitual.
Tanta alegría seguida me va a hacer mal. Es que si hay un festival, no pueden faltar Los Deca para que la noche se convierta en garantía de éxito. Le pasa a los Kapanga y nos tendríamos que poner a discutir si alguna más goza ese privilegio que su música y el público les asignó. Como siempre, una catarata de hits calentaron una noche fresca, pero soportable. Acá una de las grandes cosas que tiene esta banda –a esta altura no es necesario aclarar que muchas veces es subestimada por sus formas, sin tener en cuenta su calidad- Cucho, con algunas dificultades de salud no estuvo en plenitud, sin embargo, ahí aparecen El Perro Serrano, El Mosca y Dieguito Demarco y nada decae, al contrario. La nota la dio el periodista Bebe Contempomi que se dio el gustó y cantó La Guitarra –con tirada al público y un todo- y Loco, tu forma de ser, a la que calificó como uno de los mejores temas del rock nacional y a su autor, Serrano, lo puso en el olimpo de los poetas musical nacionales con Spinetta y Calamaro.
Un rato después llegó la esperada presentación de Ciro y Los Persas y con ella el cierre de la segunda edición de La Salamanca Rock. Como viene sucediendo en sus presentaciones mezcló muchas de Espejos, el primer disco de su nuevo proyecto, varias de Los Piojos y un par de covers.
Antes y Después y El Viejo abrieron un set de veinticinco canciones y más de dos horas, muy festejado por todos. Durante la primera etapa del set sonó Esquina Libertad, el tema que remite a la música de Manu Chao, Paso a Paso y un par piojosas: Ruleta y Tan solo. Luego llegó el momento “argento” con el Malambo para Luca, la presentación da su versión del himno en armónica (“Hace unos días celebramos el cumpleaños de la patria, es una buena oportunidad para tocar esto”, presentó) y culminó el segmento con un loop a ritmo de chacarera. No faltó el tramo blusero, ni Pistolas, Genius y Servidor. El final Pacífico, El Farolito y Noche de hoy coronaron un ajustado show de Ciro y Los Persas. Trapos quedó para el cierre, acaso la vez que menos banderas haya leído el cantante en su carrera.
Santiago del Estero definitivamente no es una plaza rockera, aún así La Salamanca Rock se presenta como una gran propuesta festivalera de invierno para la región. Con algunos detalles a corregir, la segunda edición del encuentro progresó mucho con respecto a la del año pasado: buena parte del mainstream nacional se hizo presente, tocaron más bandas locales, de Tucumán y Salta y creció mucho en convocatoria. Además, es otro festival en el que se puede disfrutar de un fernet o una cerveza durante los shows y no hay ni un inconveniente. Acá la gente, acostumbrada a otras circunstancias, los que no se quieren meter en el pogo traen sus reposaras, el equipo de mate o incluso sus bebidas para disfrutar de una larga jornada.
Claro que la organización de La Salamanca Rock deberá corregir y sumar algunas cuestiones de organización de las productoras tradicionales, pero también nosotros –todos- tendremos que aprender mucho de este tipo de festivales, para que siempre sea una fiesta de la música. Ojala el año que viene nos encuentre en la tercera edición del festival.
Pablo Zinola
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