Ya es un clásico. Una de esas cosas que no pueden faltar en Cosquín Rock. De hecho su ausencia dejaría un gran vacío en este impresionante festival que sería muy difícil de reemplazar. Porque año a año miles de personas llegan a este punto recógnito del planeta para poder disfrutar una vez más, por lo menos una más, de la magia de Skay. Escuchar aunque sea unos minutos el sonido de esa poderosa Gibson SG que encandila con sus cuernos rojo furioso y amenaza con dejar sin vida a cualquiera que quiera poner en duda su perfección.
“¡Buenas noches, bienvenidos al show!” gritó Skay antes de empezar ese transe profundo que nos llevó a todos de viaje a todos por un mundo paralelo de corcheas, poderosos riffs y desquiciantes solos. Gengins Khan y Paria fueron los dos primeros temas que sonaron en la noche y enfrentaron por primera vez cara a cara al ex guitarrista de los redondos con ese público sediento de rock.
Es admirable el respeto que transmite Skay arriba del escenario. Su porte, su calidad y su genio hacen que uno quede estupefacto admirando a ese maestro de ceremonia que coordina la orquesta tan sólo con su guitarra y sus dedos, pero que logra hacerla sonar como si se tratara de la mismísima Sinfónica de San Francisco –sí, esa misma que tocó junto a Metallica en el mítico show que más tarde fue editado en CD y DVD.
El pegadizo riff de Tal Vez Mañana, ese tema que ya es un clásico en el repertorio del flaco, llevó a más de uno de viaje a la legendaria ciudad de Katmandú. Y en no menos de diez minutos esos mismos dedos que nos llevaban en tren a Nepal se encargaban de armar la fiesta y ponerle color a la chacarera rockera bautizada como Dragones.
“A ver si se acuerdan de esta…” tiró Skay anticipando lo que se vendría: Masacre en el Puticlub y añorar esa utópica reunión que quizás algún día, en algún momento y por algún motivo se realice y todos podamos volver a ser Redonditos de Ricota. Casi pegada, como si el fuego encendido de la misa ricotera la hubiera llamado, sonó Criminal Mambo. Una muestra más de que el fantasma todavía está vivo y merodea por los rincones rockeros de todo el país.
El merecido homenaje a Luis Alberto Spinetta llegó cuando la mirada de Skay se posó en el cielo y desempolvando el poderoso riff de Flores Secas le dedicó el show al Flaco. Cualquiera hubiese querido derramar un lagrimón, tomarse unos minutos para pensar y recordar al ex Almendra. Pero el tiempo muchas veces es tirano –sobre todo en los festivales- y no nos permite pararlo unos instantes para sacarlo de su rutina segundera y descansar recordando a un grande.
La emoción iba a llevar al éxtasis en tan sólo unos segundos. Porque Skay no se olvidaba y sabía que todavía hacía falta algo. Esa droga adictiva que tan bien le hace a la gente y que es entregada para poder culminar el ritual: JiJiJi, el pogo más grande del mundo y el final perfecto con Oda a la Sin Nombre para este clásico de Cosquín que año a año alimenta el mito ricotero.
Pablo Vio
Fotos: José Luis García




























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