The Kooks es de esas bandas que ni bien ponen un pie arriba del escenario logran desatar la histeria. Una ola abrumadora de gritos se apodera del estadio y por momentos se piensa lo peor. ¿Estaremos ante una versión grupal y más adulta de Justin Bieber? ¿Se repetirá el ritual una y otra vez a lo largo de la noche? ¿Lograremos escuchar algo más que alaridos desaforados? Gracias a dios –o a quien corresponda- a los seguidores de esta banda inglesa no sólo les interesa expresarles su admiración sino que también disfrutan de un buen show. Y eso fue lo que se vivió en el Luna Park.
Una mezcla de contundencia con buena onda y optimismo –aunque las letras hablen de parejas que se alejan y abandonos-, algo así sería el estilo de los Kooks. Se los notó muy cómodos sobre el escenario, sobre todo a Luke Pritchard que deambulaba de un lado para el otro derrochando actitud. Costaba un poco ver en ese cantante carismático al chico que a la tarde se reía con timidez durante al visita a los estudios de Rock & Pop. “Perdón por mi español”, fue una de las primeras cosas que Luke le dio a su público, pero no hacía falta la disculpa, con su presencia era suficiente.
Durante todo el recital el sonido tuvo una potencia excelente, algo que no suele suceder muy seguido en el último tiempo. Envolverse en el volumen y que nada más te distraiga siempre ayuda para que el resultado de la noche se convierta en positivo. Una de las pocas cosas negativas que tuvo el show fueron las luces, había una línea justo a mitad de altura del escenario y su constante movimiento dificultaba un poco la visibilidad sobre el escenario. Pero más allá de ese detalle, todo transcurrió a la perfección.
La lista de temas abarcó canciones de los tres discos de la banda. Abrieron con Is It Me, que forma parte de Junk of the Heart, el tercer trabajo de The Kooks. Yendo para atrás en su carrera siguieron con Always Where I Need to be, de el segundo álbum Konk y siguieron el setlist con Sofa Song, un corte del disco debut Inside In/Inside Out. El primer gran hit de la noche fue el pegadizo She Moves in Her Own Way. Otra de las conocidísimas que formó parte de la lista fue Shine On. Pero los más bailados fueron los temas que cerraron la noche; Junk of the Heart y Naive lograron que todo el estadio se moviera desaforadamente.
“Gracias por pasar la noche con nosotros, estuvieron increíbles”, se despidió muy amablemente Luke. Si el grupo sigue creciendo al mismo ritmo que lo viene haciendo hasta ahora, es posible que en su próxima visita al país llenen el Palacio de los Deportes más de una vez o incluso que recurran a un estadio más grande. Es posible que con el tiempo se conviertan en una banda cada vez más grande, pero para eso habrá que esperar. Mientras tanto, nos conformamos con la edición del cuarto álbum –en el que van a empezar a trabajar en breve-.
Chech Street
Fotos: José Luis García





























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