| Ocho años no es nada |
Pasa muy de vez en cuando. Sólo en ocasiones en que una gran banda tiene algo que mostrar, algo especial, y las sensaciones que se viven previo a eso muchas veces son indescriptibles. Y esa sensación, mezcla de emoción y ansiedad, es la que sintió toda la gente que ayer llegó al Luna Park para escuchar a Divididos, que después de ocho largos años les regaló un nuevo disco, Amapola del 66. El Arriero marcó el inicio de la noche, y anticipó de alguna manera lo que se iba a vivir a lo largo de toda la velada: mucho rock, folklo, grandes invitados y muchas emociones. Seguí leyendo la crónica en el blog Inconcert.fmrockandpop.com. |
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