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 Tengo que admitirlo, Coldplay me ganó. Y por afano. La verdad que no tenía mucha expectativa por su presentación, a medida que fueron editando sus discos, mi encanto por la banda iba decreciendo. Además, mi recuerdo de su último show en River no era de no haber visto un súper show, normal, nada fuera de serie. Pero sin embargo, esta noche Chris Martin y los suyos me conquistaron, o re conquistaron. Porque ofrecieron un recital completo, en el que pasó de todo. Asumieron el riesgo y tocaron por primera vez ante 100 mil personas seis canciones (sólo se conocen los cortes adelanto) de Milo Xyloto, el álbum que está próximo a lanzarse. Hubo mucha parafernalia (fuegos artificiales, globos amarillos para decorar Yellow, una de las más festejadas del primer tramo del show y el final de In My Place regado con bomba de papelitos por todos lados. Un sonido impecable para una igual ejecución que tuvo al cantante como gran figura de la noche. Martin se ubica del lado de los cantantes ingleses carismáticos, hace de todo, se calza la guitarra (y la revolea por los aires y la hace trizas en el final de God Put A Simle UponYour Face), va al piano, se acerca para cantar con la gente y hasta se animó un solo con la acústica para hacer la delicada Us Againt The Worlds, una de las nuevas.
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