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Toca Eric Clapton, sobran las palabras. Cualquier cosa que digamos de esta leyenda viviente del rock y el blues será remanido y redundante. Qué decir que no se haya dicho antes de sus cualidades y virtudes a la hora de empuñar su Stratocaster y hacerla sonar como nadie. Diez años después de su última presentación en la Argentina, volvió a desplegar su enorme talento como guitarrista y cantante en el escenario de River, convertido en un gran teatro para 45 mil personas. La excusa de su visita y la gira que está llegando a su fin por Sudamérica es la presentación de su último álbum editado el año pasado y que lleva su apellido como nombre o el todavía más reciente que grabó con Wynton Marsalis y la orquesta del Lincoln Center rindiéndole honores a los sonidos clásicos del sur de los Estados Unidos, aunque de estos discos apenas toca la deliciosa When somebody thinks you’re wonderful. La única nueva que se metió en un setlist repleto de clásicos de su autoría y varios ajenos que se apropió hace rato. Tranquilo, caminando con la mano extendida, un jean de tiro alto, una camperita para aguantar la primaveral noche y sus lentes característicos, Clapton apareció en el escenario con su sencillez habitual y cautivó durante dos horas. Es que tampoco necesita de más. Sólo dos pantallas a los costados, un telón negro de fondo y algunas luces acompañaron la presentación del guitarrista y su genial banda. El experimentado Steve Gadd en baterìa y Willie Weeks en bajo son los encargados de llevar el grupo hacia adelante, mientras que Chris Stainton y Tim Carmon la descosen en los teclados. Apenas un par de Thank you al final de algunos temas y el “diez años… es mucho tiempo” que esbozó mientras se sentaba promediando el show para iniciar el segmento acústico con Driftin' blues y Nobody knows you when you're down and out. Después volvió a la eléctrica pero siguió en su silla, cómodo y tranquilo.
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Pablo Zinola Fotos: Santiago Gallo Bluguermann
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