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1971. Oscar Bonavena le acababa de ganar por puntos al estadounidense Alvin Lewis a su regreso a Argentina tras el memorable combate que lo elevó al olimpo de nuestro deporte frente a Muhammed Alí. El Luna Park estallaba en un grito: Ringo! Ese 1971 en el Reino Unido el baterista de los Beatles lanzaba su primer tema solista: It don´t come easy, que ostentara el cuarto puesto de los rankings más prestigiosos y se convirtiera en uno de sus emblemas como cantante. Cuarenta años después –casualidad del destino o no-  el último Fab Four posible que nos quedaba por ver en vivo aparece en escena, saluda haciendo la V con sus dedos y otra vez aquel alarido emocionante vuelve a retumbar en la sala antes del inicio del show con aquella pieza que co escribió con su amigo George Harrison. Comenzaba otra noche histórica en el rico Luna Park.

A sus 71 años –impresionante lo bien llevado que los tiene- Ringo y su All Starr Band se presentaron durante dos horas y repasaron algunas canciones de los Beatles, varias de su repertorio solista y covers de clásicos de otros tiempos. "Cada uno en el escenario es una estrella por sí misma", es el lema que encabeza la undécima gira que emprende esta verdadera súper banda que por primera vez pisó suelo Argentino. Y así ocurre, porque generoso –y también conocedor de sus limitaciones- Ringo le da espacio a cada uno de sus músicos para que se luzcan y canten también los éxitos que ellos supieron cosechar a lo largo de su carrera. Ahí es donde el vigente espíritu rockero de Edgard Winter se destaca y brilla con su albina cabellera y haciendo de las suyas principalmente desde el teclado, pero también con su saxo tenor en la poderosa e instrumental Frankenstein o poniéndole la voz a Free Ride. Cada vez que Ringo cedía el micrófono del medio, se iba a su hábitat natural y desde allí marcaba el ritmo junto a Gregg Bissonette (sí, hubo dos baterías en muchos tramos del show). Gary Whright tocó los teclados y cantó su one-hit Gonder, Dream Weaver, mientras que el bueno de Wally Palmer, quien supo liderar la ochentosa The Romantics se despachó con Talking in your sleep y la bailable What I Like About You.

Claro que los momentos altos y más festejados de la noche fueron cuando Ringo dejaba la batería y acaparaba el centro de la escena con su sonrisa bonachona, sus movimientos espásticos y simpáticos de baile y su carisma interminable para hacer Honey Don't el cover que le apropiaron los Beatles a Carl Perkins o la esperada Yellow Submarine, que sólo emociona porque el que la canta es nada más y nada menos que uno de los Cuatro de Liverpool. “Esta canción se la dedico a todas las chicas… y a algún chico también”, tiró antes de iniciar I Wanna Be Your Man.  Y antes de los uppercuts del final (volviendo al boxeo) presentó Boys. Richard Page que ya había aparecido para hacer la versión de Karie, con su bajo a cuestas deleitó con su clásica balada Broken Wings.

Photograph (otra de su carrera solista que escribió junto a Harrison) inició el último tramo del show e hizo detonar a un Luna Park que extasiado recibió los primeros acordes de Act Naturally. El cierre –todo un símbolo además de una gran canción- fue con With A Little Help From My Friends, aunque lo último que se escuchó –a modo de yapa- fueron unos segundos de Give Peace A Chance.

Ahora sí le podremos contar a nuestros nietos que al menos una vez, allá por el 2011 vimos en vivo a otro de los integrantes del cuarteto que lo cambió todo. Histórico.

 

Pablo Zinola

 

Fotos: Beto Landoni

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