
El nuevo trabajo de Kashmir es de esos que hay que poner como música de fondo un par de veces antes de sentarse a escucharlo con oídos críticos. Se trata de un disco al que hay que desmenuzarlo, filtrar, depurar hasta encontrar los detalles que le dan la vuelta de tuerca y ayudan a disfrutarlo. Si bien la banda danesa conserva una línea similar a la de sus álbumes anteriores, el sonido de
Trespassers presenta destellos electrónicos que no sonaban tanto en sus anteriores obras. La mayor diferencia se aprecia en los últimos dos tracks –D
anger Bear y The Indian (That Dwells This Chest)- que son mucho más orquestales.
Mouthful of Wasps cumple la doble función de ser el corte difusión y la canción que da la bienvenida a
Trespassers. Una elección un tanto jugada porque si bien la canción tiene potencia y cumple con otras características que deben tener los primeros cortes de un álbum –como su capacidad para quedarse zumbando en la mente de quien la escucha- la realidad es que el tema no tiene mucho que ver con el resto del trabajo, que va tomando tranquilidad a medida que pasan los tracks.
Mantaray sorprende con una potencia calma y cambios de ritmo a lo largo de la composición que obligan a prestarle atención. Esta canción deja ver la influencia que el pop británico actual ejerció sobre Kashmir. Siguen en la lista de temas
Pallas Athena con una onda cuasi fantasmagórica y
Still Boy que llama la atención por la batería que se luce con delicadeza y la plasticidad de la voz de Kasper Eistrup.
Las últimas dos canciones de
Trespassers parecen ser parte de un álbum completamente distinto.
Danger Bear empieza con un piano muy suave, algunas cuerdas que van tomando protagonismo a medida que avanzan los segundos y los versos melancólicos que a veces recita y a veces canta Eistrup terminan coronando esta combinación. Después de un final abrupto aparece
The Indian… con una fuerza inesperada a esta altura del CD que termina siendo apuesta diferente para despedirse hasta el próximo trabajo.